sábado, 18 de mayo de 2013

Un tocadiscos siempre sonando...

Mientras miraba por la ventana, sonaba aquella canción que bailaban antaño. La lluvia caía y no solo a través del cristal. Encima de la mesa estaba el libro que le dedicó aquella tarde, con aquel impulso: "Cambiaste mi vida. Te quiero". La firma alborotada, en color negro, como siempre. 

Y cada metro cúbico del sudor de su piel perfumaba el ambiente. Y arañaba cada rincón de sus entrañas abrir las puertas del armario, o destapar el jabón que dejó a medio usar. Y la sigue viendo entrar o leyendo en su escritorio, o comentando cada párrafo, cada duda, cada caída al suelo al tropezar con la alfombra. Cada gesto está grabado hasta en lo más profundo de su carne.

Pero sabe que se ha ido, y que la quiso más que a su vida, y que la quiere más que a su muerte. Y que solo así estaría con ella, pero ahora le da igual su ateísmo, sus nulas creencias. Y nunca quiso antes la eternidad, para qué, para qué la quiso, si entre sus sábanas el tiempo no existía.

La aguja del tocadiscos se ha levantado, pero la canción sigue sonando. 

7 comentarios:

  1. La eternidad...es maravillosa mientras dura, porque eso es obligado disfrutarla cada segundo, como tú, muackssss!!!

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  2. Muy bonita la entrada :) Lo que más me gusto fue la siguiente frase:
    para qué, para qué la quiso, si entre sus sábanas el tiempo no existía.

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  3. Hola, muchas gracias. ES un placer que me leas :)

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